Hoy al levantarme pude percibir el sutil llamado del olor cafeínico proveniente de la cocina. Como un sonámbulo, mis pies guiaron a un cuerpo perdido entre las telas de una sábana roida de los extremos (aquellas sábanas idóneas para noches calurosas). 3 sorbidas después y un par de bostezos, Yan Tiersen conversaba conmigo... teníamos mucho sin escuchar el uno del otro. Me contó sobre Amèlie - quién no deja de bailar un hermoso vals -, un hermoso verano del '78 que recuerda con mucho cariño y dos que tres historias de Fa y Re bemol. Yo realmente no tenía mucho que decirle fuera de lo que él ya había escuchado: un par de dolores en el área superior izquierda de mi pecho, intenciones de comprar un gato... cosas así.
Entre mi rutina de salir de la rutina, me encontré inmersa en unmundo de colores. Yan se había ido, pero me volví a encontrar con un fantasma de la pasada FIL. Hoy ella venía acompañada... y sí, el café estuvo delicioso. Esto fue lo que pasó...:



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